Leo La hora del despertar de Antonio Muñoz Molina y no puedo, por menos, que sentir un nudo en la garganta.
Cuántas veces he visto, cuando estaba en la Generalitat Valenciana, a empresas de ámbito nacional y autonómico derrochar dineros en invitaciones y comidas a los responsables de proyectos para conseguir que se firmaran las ansiadas certificaciones.
Cuántas veces he visto a técnicos contratados por empresas privadas de capital público haciendo el trabajo de funcionarios… y mientras he vsito a éstos funcionarios arrinconados, desprestigiados y mal pagados en los locales de la Consellería correspondiente, también alquilados a algún amigo del poder en vigor.
Cuántas veces he visto cómo se ‘seleccionaba’ el personal en esas empresas privadas de capital público, sin un control sindical… o mejor dicho, controlado por los sindicatos afines a los contratantes…
A mi edad, observo las duplicidades de funciones entre administración central, autonómica, diputaciones y aun me sorprendo de las energías, tiempo y dinero que nos cuesta. Cuántas veces se les ha pedido por duplicado y por triplicado los mismos papeles a las mismas personas… y estos ciudadanos los han entregado casi sin inmutarse…
No puedo, por más, que estar de acuerdo con Muñoz Molina cuando se asombra de que haya durado tanto el espejismo.
Me quejaba hace unos días de que el gobierno había salido diciendo que habían ahorrado una gran cantidad de dinero en este año de recortes: exactamente lo que le han rapiñado a los funcionarios. Ni un duro más.
Lo peor es que lo mostraban como un gran logro inteligente y ponderado.
¿Por qué se ha pegado el batacazo el PSOE? Por que no saben leer entre líneas… o no quieren.
Los Ministros, en general, salvo honrosas excepciones como la del Sr. Valeriano Gómez, currante donde los haya, no son más que una especie de mostrador de gestos sin una capacidad gestora mínima, que se limitan a aparecer sonrientes y que usan las estadísticas, debidamente maquilladas, para reforzar sus tesis… elaboradas por sus equipos de asesores…
Llevamos dos años de parches sin soluciones. Dos años de decir vamos a hacer pero de usar las vías más sencillas, del cortoplacismo y de la falta de imaginación. Y nos queda un año de agonía agravada por las ansias enfermizas de los otros de llegar a La Moncloa…
¿Despertar? Hasta que no nos saquen los hígados no va a parar este desangrado, esta colonia de chupópteros arribistas que lo único que ven es su cuenta corriente y su perpetuación en el poder.
Nadie despierta, porque del goteo miserable de los que mucho acaparan viven los fieles de un credo basado en una cosa llamada partidos políticos, meras empresas que gestionan las miserias mundanas.
Ahí están los imputados por corrupción con una mayoría absoluta.
Los partidos políticos cerrados han cumplido bien el cometido de que sigamos durmiendo…